Polaroid
Escrutando el azul del sur,
algo me atraviesa,
como un puñal borgeano
lento, intimo,
reverberando en el aire, color plata la hoja,
mi carne o la tuya
un caleidoscopio,
un prisma que deja pasar
abultados colores:
El rojo sangre que tanta aversión te produce
El rojo- violeta del vino
que te duerme,
el morado del labio desterrado,
los mieles ojos paganos;
en realidad no me atraviesa el puñal
Es la primigenia imagen, aterida de la lente,
la que parte mi sien en rodajitas.
viernes, 27 de marzo de 2009
lunes, 23 de marzo de 2009
dionisiotinto
incomparecencia
La noche
se recuesta sobre el árbol desnudo
Pareciera
que estuviera por parir mil estrellas
Sin embargo
mansa reposa, huérfana de amantes
A diez metros
del árbol, desnudo un hombre
Pareciera
que estuviera por parir mil versos
Sin embargo
manso reposa, huérfano de luces
La noche
se recuesta sobre el árbol desnudo
Pareciera
que estuviera por parir mil estrellas
Sin embargo
mansa reposa, huérfana de amantes
A diez metros
del árbol, desnudo un hombre
Pareciera
que estuviera por parir mil versos
Sin embargo
manso reposa, huérfano de luces
fabula del artista
Orlando Van Bredam
Lo cierto es que el gato, con mucha paciencia, aprendió a ladrar. Ladraba con fuerza, con eficacia de perro adulto. Tanto ladró que se olvidó de sus maullidos. Entonces, las opiniones se dividieron entre quienes sostenían que se trataba de un gato falso y quienes, por el contrario, aseguraban que era un perro apócrifo. Nadie tenía en cuenta su virtuosismo, el estudiado empeño que exhibía cada vez que quería soltar un ladrido. Lo peor, sobrevino cuando los demás gatos lo tildaron de traidor, cobarde, obsecuente, cipayo, etc. El mismo rechazo obtuvo de los perros, para quienes era un vulgar imitador, un alcahuete, un arribista, un desarraigado, etc.
Con pesadumbre de artista postergado y vagando sin sentido, el gato llegó un día hasta mi casa. Poco nos bastó para comprendernos. Y decidimos vivir juntos, aunque ustedes no lo crean. Le conté mi drama: nadie quiere saber nada con un perro fino, delicado, que sólo emite maullidos de gato.
Cuento publicado en el minificcionario "La vida te cambia los planes", ediciones Río de los pájaros, l994.
Lo cierto es que el gato, con mucha paciencia, aprendió a ladrar. Ladraba con fuerza, con eficacia de perro adulto. Tanto ladró que se olvidó de sus maullidos. Entonces, las opiniones se dividieron entre quienes sostenían que se trataba de un gato falso y quienes, por el contrario, aseguraban que era un perro apócrifo. Nadie tenía en cuenta su virtuosismo, el estudiado empeño que exhibía cada vez que quería soltar un ladrido. Lo peor, sobrevino cuando los demás gatos lo tildaron de traidor, cobarde, obsecuente, cipayo, etc. El mismo rechazo obtuvo de los perros, para quienes era un vulgar imitador, un alcahuete, un arribista, un desarraigado, etc.
Con pesadumbre de artista postergado y vagando sin sentido, el gato llegó un día hasta mi casa. Poco nos bastó para comprendernos. Y decidimos vivir juntos, aunque ustedes no lo crean. Le conté mi drama: nadie quiere saber nada con un perro fino, delicado, que sólo emite maullidos de gato.
Cuento publicado en el minificcionario "La vida te cambia los planes", ediciones Río de los pájaros, l994.
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